Fue un freno repentino a la carrera que llevaban algunas -y algunos- de los políticos morenistas, que era necesario aplicar con claridad y precisión. Era justo hacerlo ahora, antes de que las ansias se desbordaran.
Controlar desde ahora este fenómeno que ya era visible en varios morenistas -de ambos sexos- que ante la ausencia de un llamado de atención y de falta de firmeza de la dirigencia estatal de su partido, ya habían empezado su carrera hacia una eventual candidatura.
El riesgo de generar un ambiente de inequidad en la competencia interna y su actitud de indisciplina era evidente, por eso es por lo que la decisión de hacer público que el interés partidista es prioritario ante la ambición personal era muy necesaria.
Y aunque la declaración no parece tener varios destinatarios específicos, siempre hay que analizar un poco para entender que sí hay personajes que requerían recibir esto que es un apercibimiento.
Por eso, el recordatorio que hizo hace días el gobernador a los y las morenistas que desde hace meses se promueven sin pudor alguno ni respeto a los tiempos de quien lidera el proyecto estatal de su partido, llegó en el momento preciso para contener ímpetus y reiterar que todo tiene su tiempo.
Hombres y mujeres que, de manera orgánica o atendiendo indicaciones de terceros, han sido mencionados como posibles aspirantes saben que el mensaje fue más profundo de lo que parece, pues es una forma de decirles que se dediquen a lo que están haciendo en los cargos públicos que hoy ocupan y dejen de distraerse en cosas que quizá ni siquiera lleguen.
Después del mensaje —que llamó a la unidad y al trabajo colectivo para dejar de lado los intereses personales—, las reacciones públicas de varios personajes morenistas que están constantemente en los medios fueron políticamente correctas, reconociendo que lo dicho por el gobernador —y su líder político— tiene bastante peso.
Quizá el caso más ejemplar —aunque no el único— es el de Eduardo Gattás Báez, alcalde de Ciudad Victoria, quien el año pasado se rebeló contra el partido, pasó por encima de sus reglas internas y se atrevió a desafiar la autoridad de su jefe político.
Gattás Báez no ganó la encuesta interna de Morena, de acuerdo con los resultados dados a conocer en su momento por el delegado del partido en Tamaulipas; sin embargo, el entonces alcalde capitalino se negó a reconocer la decisión. Hizo tal escándalo y presionó a través de sus contactos a nivel nacional que Yuriria Iturbe, quien en ese momento encabezaba la dirigencia estatal, terminó cediendo y respaldándolo.
La encuesta había sido ganada por Jorge “Tico” García, propuesto por el Partido Verde como parte de los acuerdos de la coalición que mantenía el bloque oficialista. Y pese a que García resultó mejor calificado por los victorenses, Gattás se negó a ceder la candidatura que la opinión popular no le concedió.
Y, bueno, fue candidato y alcalde, aunque desde entonces ha enfrentado múltiples situaciones y escándalos. Su desgaste ha sido tan acelerado que hoy es más un lastre que un activo político para Morena y para la llamada Cuarta Transformación.
El caso es que, a pesar de todo ello, el alcalde capitalino parece no entender que su carrera política no atraviesa su mejor momento. Quizá, si actuara con mayor inteligencia política, tendría que apostar por una estrategia basada en la conciliación, el acercamiento con los victorenses y, en particular, en recomponer la relación con quienes ejercen los principales liderazgos de Morena en el estado.
Por el contrario, por decisión propia o por consejo de alguien, decidió hace semanas que era momento de declarar que se considera con los merecimientos para aspirar a la candidatura de Morena al gobierno estatal… en el proceso electoral que se disputará dentro de dos años.
Para muchos pudo pasar desapercibido ese dato, pero no lo es. El problema no radica en manifestar un interés legítimo, sino en la forma y el momento: mostró irrespeto, insensibilidad política y una visión de corto plazo impulsada por la ambición personal.
Vistas las cosas con calma, el mensaje del gobernador fue para todos los integrantes de la estructura partidista, pero particularmente para quienes, como Eduardo Gattás, no muestran respeto por los tiempos ni por el liderazgo de quien encabeza el proyecto político estatal.
Si después de esto Gattás y otros compañeros y compañeras que se auto promueven sin freno no se serenan, será una señal más de indisciplina y colocará a la dirigencia estatal en la disyuntiva de llamarlos al orden y aplicar medidas correctivas para evitar que esas conductas se repitan.
Algo también debe quedar claro para las y los demás personajes morenistas que siguen promoviéndose en cuanta feria de pueblo, evento oficial o reunión con organizaciones sociales se les atraviesa en la agenda: A las y los indisciplinados los seguirán las consecuencias de no atender las recomendaciones y el mensaje del gobernador.
Entonces, cuando llegue el momento de las definiciones de precandidatos que serán tomados en cuenta para ir a la medición en las encuestas, quienes no hayan cumplido con las recomendaciones tendrán que cargar con las consecuencias de no haberlas atendido. Y sobre aviso, no hay engaño, como se dice coloquialmente.
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