Ilustrativo, por lo revelador, resulta el trabajo especial realizado por el staff de Expreso y publicado en la edición de ayer, sobre el uso casi abiertamente declarado del Congreso del Estado como plataforma de proyección personal para legisladores.

No es que antes no sucediera esto, sino que ahora, por el cambio en la narrativa que domina el escenario público, se daba por descontado que esas viejas prácticas se habían erradicado para dar paso a una nueva cultura política. Nada más alejado de la realidad.

Convertido en un espacio en el que diputadas y diputados locales buscan a toda costa la promoción personal con diversos pretextos, el Congreso queda como un sitio en el que legislar se ha convertido en una tarea secundaria para algunos —y algunas, claro— de sus integrantes que creen tener merecimientos para buscar otros cargos.

El texto refiere varios casos de legisladores que, desde la frontera hasta el sur, pasando por el centro del estado, se han dedicado en buena medida a hacer promoción personal con un sesgo político evidente, buscando aparecer en la memoria colectiva y estar adelante cuando su partido realice las mediciones —reales o ficticias— para definir las candidaturas que se disputarán el próximo año.

¿Qué tiene de novedoso esto? se preguntarán muchos. Simplemente, que con la alternancia política en el estado, con la renovación de las instituciones públicas —incluyendo al Congreso— y con el cambio en la forma de entender la manera de hacer política, se pensó que las viejas prácticas habían quedado en el pasado y que no se repetirían los vicios que con los años le costaron credibilidad al PRI y al PAN.

Cuando el compañero Andrés Manuel buscó por tercera ocasión la Presidencia, utilizó como si fueran dogmas políticos los preceptos que hablaban de cambios profundos en la forma de hacer política y en la de ejercer el poder.

El problema fue que para ganar, sumó a aliados de todos los frentes, procedentes de los partidos que hasta entonces habían gobernado el país y muchos de los que llegaron lo hicieron cargando sus añejas mañas.

Eso fue en parte lo que hoy ocasiona que en el Congreso del Estado se repitan patrones que se creían superados con la simple alternancia en el Poder Legislativo, en donde la mayoría panista se perdió en la segunda mitad del sexenio anterior.

La llegada de Morena al poder y al control del Congreso no terminó con la vieja cultura política de utilizar toda la infraestructura —recursos, medios, contactos, poder— de esa institución en favor de los intereses personales de algunas diputadas y diputados. Es lo mismo, pero con una nueva mayoría.

Claro que no es algo generalizado, pero sí es algo notorio y sorprendente porque no hay quien, desde el partido o del mismo Legislativo, ponga freno a las ansias de protagonismo de quienes buscan la continuidad en el cargo o la posibilidad de competir por otros —las Alcaldías— en el proceso electoral del próximo año.

El amplio trabajo periodístico menciona algunos nombres, desde Reynosa a Victoria, Tampico y Ciudad Madero, pero es obvio que existen más personas en esa lista. No son los únicos que repiten el mismo modelo de uso de recursos públicos para promoverse personalmente.

¿Debería Morena poner un freno a los descontrolados diputados y diputadas que se pasean por sus municipios, aparecen como generosos donadores de cobijas o de campañas de lentes gratuitos, que hacen fiestas o que quieren parecer como cercanos al pueblo?

Creo que sí, porque no solo proyectan falta de autenticidad, sino que si nos atenemos a las reglas estrictas de competencia equitativa, se adelantan a los tiempos y violentan las reglas escritas y no escritas del partido y hasta de la autoridad electoral.

Más que ayudarle al partido a fortalecer su imagen en territorio, lo que provocan las y los diputados que se autopromueven es generar una dinámica de desgaste, al surgir un contraste con las prácticas del pasado que tanto se criticaron y que fueron determinantes para que el voto popular le diera el triunfo a Morena en todo el país.

Tampoco se trata de impedir que los representantes del partido hagan trabajo territorial, pero se entiende que debe ser permanente, enfocado, estructurado y sin impactar negativamente en la imagen del Congreso y del partido.

Como vemos, las viejas prácticas de la cultura política del pasado, la que se creía superada con la llegada de la Cuarta Transformación en Tamaulipas, permanecen y tienen uno de sus principales exponentes en el Congreso del Estado.

EL CARNAVAL CONURBADO, NUEVO ATRACTIVO TURÍSTICO

Por segunda ocasión consecutiva, el Carnaval Conurbado se convirtió en un importante atractivo turístico de los municipios del sur de Tamaulipas, atrayendo a visitantes de localidades cercanas y de estados vecinos.

Durante tres días, en Tampico, Ciudad Madero y Altamira se realizaron los desfiles con la participación de 63 comparsas y grupos artísticos de la región, registrando una asistencia notable en cada municipio, en un ambiente de seguridad y coordinación para controlar la movilidad urbana.

El evento se llevó a cabo bajo la coordinación de la Secretaría de Turismo estatal y con el apoyo de los alcaldes de la zona conurbada, lo que aseguró el éxito de esta segunda edición del Carnaval.

abarloventotam@gmail.com

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