Quietos, con menos exposición personal, las y los personajes morenistas que desde hace meses buscan ser más conocidos no dejan de hacer lo que consideran necesario para mantenerse vigentes.
La primera llamada de atención se les hizo en octubre, durante el mensaje que dio el gobernador Américo Villarreal Anaya con motivo de cumplirse tres años de haber asumido el cargo. Desde entonces delineó varios puntos que el lunes reafirmó al comparecer ante representantes de la sociedad civil y de la clase política.
La preservación de la unidad interna para darle viabilidad al proyecto de transformación en el largo plazo; la calma para que las y los acelerados por los tiempos políticos lejanos no perdieran de vista que todo tiene su plazo; y, la parte central, el concepto de que cuando una idea tiene su tiempo es más fácil concretarla.
La segunda advertencia fue hace unas semanas, cuando Villarreal Anaya se reunió con integrantes de la estructura territorial de Morena, a quienes les recordó que, por mucho que quieran correr, no van a acortar los tiempos marcados por el partido y por quien lidera el proyecto político estatal, ni van a llegar antes a su objetivo.
Hubo quienes lo entendieron desde la primera vez y bajaron su nivel de exposición, pero hubo otros —y otras— que, por el contrario, ignoraron el mensaje del mandatario y siguieron con su ritmo de autopromoción personal. Luego hicieron lo mismo con la más reciente advertencia, dirigida al partido y a sus cuadros territoriales.
Luego vinieron algunos cambios en el gabinete —se fueron dos de sus más cercanos y apreciados colaboradores— y se empezó a reconfigurar una nueva cara del equipo que lo acompaña, preludio de lo que pueden ser los siguientes 30 meses de gestión.
Quienes conocen bien los entresijos de la política tamaulipeca y recuerdan las viejas prácticas del antiguo régimen coinciden en que nada es casualidad y que estamos ante un escenario en el que, si bien ya no es posible frenar a quienes tienen ansias desbordadas por ganar popularidad para cuando Morena realice las encuestas para repartir candidaturas de 2027 y 2028, sí es probable que las y los acelerados tengan presente que estos son los tiempos del gobernador.
Desde que asumió el poder en octubre de 2022, Américo ha navegado a contracorriente, buscando la manera de romper los candados legales que le dejó el cabecismo en el Congreso, en la Fiscalía General de Justicia, en la Fiscalía Anticorrupción, en los órganos de transparencia y en el Poder Judicial.
Con paciencia, consensos y trabajo político a fondo, se ganó la mayoría calificada en el Legislativo, lo cual permitió avanzar en el impulso a iniciativas que modificaron legalmente las reglas y permitieron llevar a cabo la renovación del Poder Judicial y acelerar cambios en las dos fiscalías.
A la mitad del sexenio, en octubre pasado, Américo les mandó a todas y todos los aspirantes a sucederlo un mensaje claro: había llegado el tiempo de esa idea llamada Tamaulipas con un nuevo enfoque. Era momento de dejar que el espacio y la atención se centraran en la consolidación del proyecto de transformación iniciado tres años antes, y eso solamente es posible dejando de lado intereses personales para propiciar la unidad en torno a quien lidera ese cambio.
Como decía, hubo quienes no entendieron el mensaje y quienes sí supieron leer entre líneas: era y es el momento del gobernador como líder del proyecto político, quien, después de batallar duramente los primeros tres años, tenía para sí y para el movimiento el tiempo y el espacio adecuados.
Por eso, lo del lunes en el Polyforum Victoria fue la última y más firme señal de que los cambios empezaron en las instituciones que complementan la tarea de gobernanza y siguieron en el gabinete, en donde quedó claro que, aunque haya cercanía estrecha, si es necesario hacer modificaciones, se harán.
El llamado final de Américo, en el mensaje con motivo de su Cuarto Informe de Gobierno, volvió a ser el de mantener la unidad y trabajar para consolidar la transformación comenzada en 2022; el de continuar haciendo frente a las embestidas mediáticas alentadas desde el anonimato; y el de tener claro que solamente dejando de lado los intereses personales se podrá pensar en la viabilidad del proyecto humanista.
Eso explica que la presentación de personajes políticos y de funcionarios fue diferente a anteriores ocasiones: solo las menciones a dos senadores morenistas, Olga Sosa Ruiz y José Ramón “JR” Gómez Leal, así como al rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), Dámaso Anaya Alvarado y la presidenta del Supremo Tribunal de Justicia, Tania Contreras.
De ahí en fuera, ningún diputado local o federal, alcalde o alcaldesa o aspirante —hombre o mujer— fue citado por su nombre, señal clarísima de que lo advertido antes ahora es una realidad: basta de distraerse en la febril autopromoción; es momento de unirse en torno a quien encabeza el proyecto impulsado por Morena y representado por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Ese es el contexto en el que transcurrió el acto del Cuarto Informe, pero que, en los hechos, fue el mensaje más firme para que las y los que quieren adelantar los tiempos partidistas en Morena se serenen y esperen el momento para trabajar en la búsqueda de sus candidaturas. Quien no lo haga, seguramente verá la respuesta en los meses venideros.
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