El anuncio de la ruptura de la alianza del Partido Verde con Morena en San Luis Potosí generó la percepción de que el bloque oficialista se partió y tendrá problemas para retener la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, las gubernaturas en juego, los congresos locales y numerosas alcaldías.
Para Tamaulipas, la posibilidad de llegar al proceso electoral de 2027 divididos plantea un escenario que afectaría más al Verde que al PT y a Morena, aunque tal ruptura podría no darse si en las negociaciones a nivel local se alcanzan acuerdos que salven la coalición.
Aunque el Partido del Trabajo no tiene precisamente una estructura con presencia en todo el estado, su relación con el partido en el poder es mejor que la de quienes se dicen ecologistas, quienes, por su parte, tienen la ventaja de que su militancia se compone principalmente de expriistas. Eso dice mucho a la hora de lograr consensos y acuerdos.
Hace días, el escenario de la acción más clara de esta diferencia fue San Luis Potosí, en donde el gobernador Ricardo Gallardo Cardona está obsesionado con que su esposa, la senadora Ruth González Silva, se convierta en la candidata de la alianza oficialista a la gubernatura.
Pero previamente, los desencuentros entre Morena y el Verde ya se habían dado en Tamaulipas, donde la dirigente estatal Guadalupe Gómez rechazó la actitud del delegado de sus aliados, Manuel Muñoz Cano, al intentar adelantar los tiempos políticos para perfilar a quien los represente en la elección de 2028.
Aunque a nivel nacional, hace unos meses, los dirigentes de Morena, el Verde y el Partido del Trabajo reiteraron su disposición para continuar con la alianza, hay estados como San Luis Potosí donde, envalentonados por su importancia como acompañantes —por no decir satélites— en el Congreso, los verdes han retado abiertamente al régimen y, en particular, a la presidenta Claudia Sheinbaum.
No es desconocido que Sheinbaum pretende que su partido conserve la mayoría calificada, ratifique el triunfo o gane las gubernaturas que estarán en juego el próximo año y, para ello, requiere que la alianza se mantenga firme, algo que los del Verde quieren aprovechar.
Sin embargo, en San Luis Potosí, el gobernador Ricardo Gallardo Cardona se siente con la capacidad política y económica para desprenderse de su dependencia del régimen y, presionado por la inercia de la corriente que impulsa la presidenta para evitar el nepotismo —representado por la posibilidad de que la senadora Ruth González Silva, esposa de Gallardo, sea candidata a la gubernatura—, ha hecho hasta lo indecible para llevar la situación al extremo.
Los del Verde sostienen que tienen la fuerza para ganar solos en la elección del próximo año. La propia Ruth González se ha regodeado diciendo que a Morena le faltan muchos años para lograr la fortaleza del Verde y, en eso, tiene razón, pues en el sexenio de su esposo se ha replicado el viejo modelo asistencialista, paternalista y populista que caracterizó al PRI, lo que ha dado una alta popularidad al matrimonio.
¿Cómo impacta en Tamaulipas esa ruptura y el reto del Verde a la presidenta Sheinbaum desde San Luis Potosí? De una manera directa y profunda, pues aquí ya se tiene el antecedente de los desencuentros entre Manuel Muñoz y Guadalupe Gómez, así como el clima de animadversión que, desde ciertos círculos de poder en Morena, hay hacia la senadora Maki Ortiz y su hijo, el alcalde de Reynosa, Carlos Peña Ortiz.
Teniendo en cuenta que el Verde no es precisamente un partido con presencia territorial y militancia propia en Tamaulipas, y que el reto de la dirigencia nacional y del gobernador potosino a la presidenta Sheinbaum y a Morena no es algo que seguramente dejará pasar el régimen, lo que puede ocurrir en nuestro estado es que la alianza se rompa y que la Cuatroté decida darle una lección a su aliado insolente, dejando que se reduzcan sus números a su dimensión real.
El golpe de realidad sería una respuesta para el Verde no solo en Tamaulipas, sino en los demás estados en los que decidan romper la alianza, porque, si bien no cuentan con estructura, recursos y personajes suficientemente fuertes para ganar por sí solos en la mayoría, siguen siendo un aliado —acompañante, satélite o como se le quiera llamar— útil para temas como la mayoría calificada y la redistribución de posiciones en los congresos locales y a nivel federal.
En el balance final, el reto del Verde a Morena y a la Cuatroté es arriesgado y puede ganarle la partida al régimen en San Luis, pero no pasará lo mismo en los otros estados donde busca más espacios de poder a través de candidaturas a gobiernos o municipios.
Y, en ese contexto, el mejor ejemplo es Tamaulipas, donde los verdes están prácticamente desaparecidos del mapa electoral o bien pueden ser fácilmente controlados por diversos medios, sean políticos, jurídicos o a través del convencimiento.
Tener como secretario de Operación Política de la dirigencia nacional al exgobernador priista y exreo federal Eugenio Hernández Flores abre la posibilidad de que, justamente, “El Geño” opere la conservación de la alianza en Tamaulipas a cambio de ceder ciertas posiciones, todo en aras de seguir juntos en un proyecto que beneficia a la clase política que comparte un mismo origen partidista.
“El Geño” conoce el valor de negociar, ceder y operar en los márgenes del poder y como el Verde necesita sostener posiciones en Tamaulipas, será de gran ayuda, especialmente porque el reto a la presidenta no parece ir encaminado a una ruptura definitiva, sino una medida de presión para obtener más beneficios y en el caso de la entidad, para ganar espacios que no ha logrado electoralmente.
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