Políticamente, Matamoros se ha convertido en la manzana podrida que Morena debe apartar de las demás en Tamaulipas si no quiere que el daño afecte a más municipios donde la gente le ha dado la confianza para gobernar.
Esa ciudad fronteriza ya había sido noticia el año pasado, cuando su alcalde, José Alberto Granados Fabila, fue detenido temporalmente por agentes migratorios de Estados Unidos. Es un problema serio para Morena.
Según lo trascendido, a Granados Fabila lo interrogaron y le retiraron la visa, algo que el alcalde intentó primero negar y después minimizar, sin tener éxito. Hay cosas que no se pueden ocultar, especialmente cuando las medidas son tomadas por autoridades de otro país y trascienden lo nacional.
Después de eso, el diputado federal morenista y también exalcalde —antecesor y adversario político de Granados—, Mario Alberto “La Borrega” López Hernández, también fue retenido por autoridades aduanales estadounidenses, interrogado y despojado de su visa.
Ambos hechos generaron una enorme atención mediática porque sucedieron en medio de una oleada de cancelaciones de visas por parte del gobierno estadounidense a políticos mexicanos ligados a Morena, a quienes presuntamente las autoridades del vecino país relacionan con vínculos cercanos a grupos criminales.
Los dos son miembros destacados de Morena y representan a grupos antagonistas al interior del partido en Tamaulipas. Sin embargo, por la importancia económica y geográfica de esa ciudad, resultan relevantes en el contexto estatal y en la dinámica de fuerzas de la Cuatroté en la entidad.
Esto cobra relevancia porque las malas noticias siguen fluyendo. Ayer, el medio digital Elefante Blanco publicó que el exdirector de Servicios Públicos Complementarios del Ayuntamiento de Matamoros, Luis Miguel Garduño Castañeda, fue detenido en Estados Unidos cuando intentaba traficar casi 11 kilos de cocaína a ese país.
Asimismo, Expreso publicó que, de acuerdo con la información disponible, la detención se registró el 5 de abril en un punto de revisión en algún lugar del sur de Texas. Un par de inspecciones confirmaron que el exfuncionario del gobierno de José Alberto Granados transportaba casi 11 kilos de la droga.
Los tres son hechos que Morena debería considerar para tomar decisiones firmes, tratando de contener el impacto negativo de lo sucedido con el alcalde actual, el anterior y el exfuncionario de Matamoros, antes de que, en la campaña electoral del próximo año, eso se convierta en un problema político mayor.
Desde esa óptica, Matamoros es un foco de preocupación que la dirigencia estatal de Morena tiene que atender con rapidez y acierto para contener el impacto negativo en la imagen de quienes sean sus candidatos en la elección de 2027.
Para el partido, pero especialmente para la Cuarta Transformación en Tamaulipas, separar el caso Matamoros del resto de los municipios es un asunto de sobrevivencia, credibilidad y congruencia, con base en los principios ideológicos y en la narrativa que ha sostenido desde su fundación.
Independientemente del rumbo que tomen los casos del exfuncionario municipal, del propio alcalde actual y del diputado federal Mario “La Borrega” López, el impacto en la percepción ciudadana es enorme y se trata de un tema sensible en la antesala de un proceso electoral importante para el partido a nivel estatal y nacional.
Quizá Matamoros no sea el único caso en el país, pero en Tamaulipas es el que más llama la atención, y no precisamente para bien. Ante esto, y la posibilidad de que el escándalo se convierta en algo inmanejable en el proceso electoral que comienza en septiembre, Morena deberá apartar esa “manzana podrida” —políticamente hablando— que es Matamoros. Además, una buena poda a ese árbol, con varias ramas —grupos políticos—, sería lo más sano para frenar el daño en el resto del estado.
LA REDEFINICIÓN DEL RUMBO EN EL GOBIERNO DE TAMPICO
El nombramiento de Alejandro Rubio de la Portilla como secretario de Bienestar del Ayuntamiento de Tampico se había planteado desde hace, por lo menos, seis meses. Era el reconocimiento de que la administración porteña necesitaba una urgente redefinición del rumbo en su política social.
Finalmente, después del reacomodo de ciertos asuntos, la alcaldesa, Mónica Villarreal, anunció el fin de semana el relevo en esa dependencia estratégica, que estuvo bajo la responsabilidad de Omar Fabri desde el primer día de la administración municipal.
El cambio le dará a Alejandro la oportunidad de aplicar lo aprendido en las dos ocasiones en que ha sido delegado municipal en la zona norte de Tampico, así como candidato a diputado local hace algunos años. A su cargo tendrá el funcionamiento de las áreas de Deportes, Servicios Médicos y Bienestar, lo cual lo convierte en un funcionario con amplio margen de acción.
Esta redefinición del rumbo en el gobierno municipal le viene bien, aunque sea a menos de cinco meses de que comience formalmente el proceso electoral para renovar la alcaldía y las diputaciones locales. Lo interesante será ver si es suficiente para influir en las posibilidades de Morena de refrendar los triunfos obtenidos hace casi dos años.
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